Hace muchos años, un matrimonio anciano vivía en un pueblo de Japón, tranquilo y olvidado, al pie de la Montaña Fuji. Aunque estaban en pobreza , ellos eran muy bondarosos. La bondad les llevaba a ayudar a todo el mundo. Este invierno, había caído un buena nevada en el pueblo, todo el campo estaba cubierto de blanco.
Un día, el anciano salió de compras para preparar el nuevo año. Cuando él andaba en el camino, encontró echado al lado del camino un perro vagabundo, teniendo el pelo blanco como la nieve alrededor, más muerto que vivo. El anciano pensó que si el perro siguiera echando aquí, él moriría congelando. Pués se lo llevó a casa. Como el matrimonio no tenía ningún hijo o hija, les gustaba el perrito mucho. Le tradaron como si tradaran a su propio hijo y le dio un mono nombre: Pochi..
El tiempo pasaba volando, Pochi creía cada día más fuerte y bonito. Un día, Pochi le condujo al anciano al trigal y ladraba en un sito de la tierra. Entonces el anciano cavó la tierra y descubrió inesperadamente muchos oros. Esta noticia se extendió por todo el pueblo. El vecino del matrinio, un hombre viejo y codicioso, enterado de ella, robó el Pochi ,queriendo tambiém obtener muchos oros. Pero le resultó sólo rocas y serpientes. Enfadado muchísimo el vecino mató a Pochi con su azada.
El matrimonio se sentía triste, y construyó una tumba en su patio. El día siguiente, dio una gran sorpresa a los dos ancianos que la tumba amaneció con un árbol muy alto y fuerte. Ellos decidió fabricar un molino con este árbol para cocinar los pasteles que a Pochi le gustaban mucho. Al empezar, se cayeron muchos oros del molino. Entonces el vecino robó el molino otra vez, pero le correspondió los estiércoles de las vacas. Incendió el molino y devolvió al matriminio sólo las cenizas.
El matrinomio lloró mucho. De repente, sopló un viento, llevando las cenizas al árbol muerto. Ocurrió algo increíble. ¡El árbol muerto fue florando! Pués el anciano bondadorso andaba por el pueblo sosteniendo las cenizas para hacer todos los árboles muertos florecer. En este entonces, un general con su tropa pasó por este pueblo, viendo las cerezas y dio al anciano muchos premios. El vecino envidió mucho y robó las cenizas y las echó al cielo ante el general,diciendo: Soy yo quien hago los árboles muertos florecer. Pero las cenizas se cayeron al cabeza del general. El general se enfadó mucho y castigó a este homnbre.
Share: