Recientemente, pasé dos semanas como profesor voluntario en Nicaragua, y fue una experiencia inolvidable. Me hice amigo de muchos estudiantes y docentes. Ya que casi todas eran hispanohablantes, me obligó a hablar español casi todo el tiempo.
Me quedé en una casa cerca de la universidad. La ama de llaves, se llama Nuvia, era amable, tenia una buen sentido de humor, y sobre todo era una buena cocinera. Nos hicimos amigos, y al principio yo le llamaba a Doña Nuvia hasta que me dijo que la llamara Nuvia. .
Siempre llegaba a casa temprano a la hora del almuerzo mientras ella lo cocinaba. Le pedí a ella si me podria enseñar como preparar algunas comidas. Las que me gustaron más eran los tostones.
Ella quitaba la cáscara de un plátano verde y cortaba la fruta en trozos de dos centímetros. Después los ponía en la sartén de aceite vegetal y se freían un minuto para que estén más blandos.
Entonces, Ella retiraba los trozos de la sartén y los ponía en papel de cocina . Ya que eran blandos, era fácil aplastarlos hasta que queden en medio centímetro. Entonces, Ella los ponía en la sartén otra vez y se freían por cinco minutos. Cuando termine, los retiraba y ponía en papel de cocina para enfriar.
Comía los tostones con sal como si fuera papas fritas, pero normalmente veía los nativos comían con un cuadrito de queso o aguacate encima. Muy sabroso !

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