Diana Chen
Era una mañana silenciosa, el sol se entraba por la ventana de la habitación de Isabela y le despertó muy temprano, era el segundo día de las vacaciones y su segundo en la granja de sus abuelos en Francia, Lorena. Era las mitades de diciembre y estaba nevando afuera, Isabela odiaba el frio, si no era por Amanda no habría venido aquí desde España. Amanda era su hermana pequeña y tenia asma, sus padres han pensado de que quizás el aire fresco seria bueno para ella. Isabela salió de la cama lentamente y se fue al salón en silencio, encendió el fuego en la estufa y se fue a hacer desayuno. Sus abuelos aun no habían despertado y Amanda tampoco, todo estaba tan tranquilo. Después de tomar unas galletas de navidad que hicieron el día antes y un vaso de chocolate caliente, puso su chaqueta roja, unas botas para la nieve, puso una nota en la mesa y se salió de la casa. Había mucho viento afuera y sus manos se congelo de instante, quedo paralizado para unos segundos y se fue hacia el bosque. Su razón por irse allí era porque las historias que le contaba su madre de cuando ella era pequeña y venia aquí para las vacaciones, le decía que había maravillas en el bosque cada invierno. Isabela nunca entendió que eran las maravillas de que hablaba su madre, y decidió irse a buscarlos ella misma. La nieve era blanda y después de unos ratos, lo único que quedaba era unas huellas. Isabela camino para unos minutos mas, hasta que oyó unos gritos de animales, miro alrededor y vio unas pequeñas huellas a su izquierda. Decidió seguir a las huellas, y pronto encontró los dueños de esas pequeñas huellas jugando en la nieve.
Jan 30, 2022 6:00 PM